miércoles, 8 de marzo de 2017

Crisis de representatividad

La pérdida del poder simbólico 


No cabe duda de que estamos pasando por una importante crisis de representatividad social; los actores que gozan del privilegio de representarnos en los distintos niveles de la sociedad están siendo severamente cuestionados e interpelados por una gran parte del colectivo social, y su "autoridad" como representantes está pendiendo de una delgada cuerda que en cualquier momento se corta, precipitando todo al vacío.

Políticos, sindicalistas, autoridades de gobierno, nacionales, provinciales y municipales, policías, religiosos y jueces son los principales cuestionados, y la credibilidad de sus acciones ya no es un valor en sí mismo, sino una moneda de cambio con la que los actantes sociales negocian lo que yo llamaría las tres P: su pertinencia, pertenencia y permanencia.

La mayoría de la gente ha entrado en un espiral de descreimiento en las principales instituciones sociales, impulsada por las malas gestiones de los funcionarios, las constantes y reiteradas mentiras, la falta de acciones concretas, la opulencia con la que muchos de nuestros representantes viven, la corrupción e impunidad con las que se manejan y el poco interés real que demuestran por los problemas de sus representados.

Este fenómeno no se da solo en Argentina, es a nivel mundial. Los principales líderes del mundo son sometidos a reclamos antes impensados. Lo sucedido recientemente en Estados Unidos con la asunción a la presidencia del empresario Donald Trump, es un fiel reflejo de que ningún país está exento de pasar por una crisis de representatividad. Es interesante en este aspecto leer a Harry Pross en su libro "La violencia de los símbolos sociales" (Anthropos, 1983)  y ver el ejemplo al que se refiere: una fotografía de un presidente norteamericano, captado justo en el momento de una caída desde una tarima en la que se encontraba dando un discurso. En ese particular caso, la ausencia de verticalidad de un mandatario de Estado, según Pross, representa desde lo simbólico la pérdida de toda autoridad.

Lo sucedido hace unos días en el acto de la CGT en nuestro país, no escapa a esta idea de pérdida de poder. Los principales líderes sindicales fueron agredidos e increpados por sus propios compañeros, a quienes dicen representar, y las tres cabezas a cargo de la conducción de la Confederación General del Trabajo se tuvieron que bajar del palco (pérdida de verticalidad = pérdida de poder) y escapar escoltados por custodios escondidos entre la multitud, y quienes con prepotencia los bajaron se subieron al escenario en una clara alusión y demostración de quién tiene poder real. ¿Será realmente así?

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