La muerte de ningún niño debe ser tratada con tanta liviandad por funcionarios de gobierno. El hambre y la desnutrición infantil no son solamente nuestros; son un flagelo mundial. ¿Por qué entonces querer minimizarlo? ¿Sienten vergüenza? Vergüenza deberían tener por no reconocer que estas cosas existen y por no buscar la manera de impedirlo.
No son los únicos; todos los gobiernos anteriores, cuando de desnutrición se trata, prefieren esconder la cabeza dentro del caparazón como las tortugas antes de reconocerlo. Es por eso que las cosas siguen igual. Porque, como dice el refrán, "ojos que no ven, corazón que no siente".

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